Maryknoll, Fathers and Brothers Society
Sign In  | Map | Register  

Lea Más
de las páginas de Revista Maryknoll
Contenido


Tell a Friend

Migrantes en Japón

Por Lynn F. Monahan, Fotos de Sean Sprague

El Padre de Maryknoll Joseph Hamel acompaña la procesión del Señor de los Milagros.


Jun 29, 2009 - En un parque en las orillas del Río Suzuka, en Japón, hombres con hábitos morados llevan en andas la imagen del Señor de los Milagros, el primer ícono de la fe católica en Perú. Bajo el sol de la tarde, los devotos siguen la procesión con solemnidad.


Es una réplica, en menor escala, de la devoción original que cada octubre ocurre a casi 10,000 millas de distancia al otro lado del Océano Pacífico. La representación del siglo 17 de la crucifixión de Jesús atrae a más de 100,000 personas a Lima, la capital peruana. Según la tradición, la imagen del también llamado Cristo Moreno ha sobrevivido una multitud de terremotos.

Precedida por el Padre de Maryknoll Joseph Hamel, la celebración en Japón atrae a cientos de peruanos alejados de su tierra.

"Aquí no permiten que la procesión vaya por las calles, así que tenemos que hacerla en el parque", dice Hamel, quien vivió en Perú 15 años antes de ser trasladado a Japón para servir a los inmigrantes. "Antes no se podía hacer ni en el parque, así que hemos avanzado en cuestiones religiosas".

Este es el cambio de la Iglesia Católica en Japón, una Iglesia donde los inmigrantes de Perú, Brasil y Filipinas superan en número a la población católica nacional. Para Maryknoll, este cambio en Japón, un país tradicionalmente no cristiano, significa que su misión es principalmente a los inmigrantes.

"Más del 50 por ciento de los católicos en Japón son inmigrantes, no japoneses", dice el Padre de Maryknoll Francis Riha.

El trabajo misionero de Maryknoll ocurre entre parroquias con grandes números de latinos en la Diócesis de Kyoto a centros de servicio social para inmigrantes Filipinos y marineros en la isla de Hokkaido.

"A estos inmigrantes les dan el trabajo más sucio con el menor sueldo; el trabajo que los japoneses ya no hacen", dice el Padre de Maryknoll Bryce Nishimura, de Los Angeles, California, quien sirve en dos iglesias en las afueras de Kyoto. A esos trabajos les llaman "las tres k", de las palabras japonesas que significan sucio, difícil y peligroso: kitanai, kitsui y kiken.

Por otro lado, los inmigrantes frecuentemente enfrentan otros desafíos: el difícil idioma, la discriminación, en una nación que tradicionalmente no da la bienvenida a extranjeros, y la cultura, entre los japoneses, reservados y tranquilos, y los latinos, alegres, amistosos,
y animados. Tener descendencia japonesa no mitiga mucho las dificultades que enfrentan.

"Aquí sólo aceptan a los descendientes de japoneses y sus familias", dice Bruno Rojas, un sacerdote peruano asignado, al igual que Hamel, a la Diócesis de Kyoto. Ambos, Perú y Brasil, tienen grandes comunidades japonesas y se da preferencia a los descendientes de japoneses que buscan emigrar al Japón. La mayoría de los inmigrantes latinoamericanos en Japón trabajan legalmente, muchos en la industria automovilística.

Los inmigrantes encuentran trabajo fácilmente, pero también dificultades. A veces no hay traductores y muchos nuevos inmigrantes en busca de trabajo firman papeles que no entienden y en consecuencia se aprovechan de ellos. A menudo trabajan más horas que en Sudamérica, por lo tanto, los hijos se quedan solos. Para los hijos de inmigrantes crecidos en Japón, las diferencias culturales crean problemas de identidad.

"No saben si son latinos o japoneses porque en la calle comparten con amigos y en la casa es una cultura distinta", comenta Rojas.

Incluso si los inmigrantes regresan a sus países, no pueden ajustarse a la pobreza e inseguridad que los hizo emigrar en primer lugar.

"La mayoría que va a Estados Unidos tiene la idea de quedarse, pero aquí vienen con la idea de regresar, pero no se pueden readaptar", dice Rojas. "Aquí el standard de vida es alto, y no tendrán ese nivel en sus países nativos; los sueldos no son iguales".

Según el Buró de Inmigración japonés, más de dos millones de residentes extranjeros viven en Japón, un país de 127 millones de habitantes. Más de la mitad son coreanos y chinos, con lazos japoneses por su proximidad a ese país. Del resto, según estadísticas del 2006, los brasileños son más de 300,000, los filipinos 200,000 y los peruanos casi 60,000.

"Lo más duro es que los japoneses te ven como un objeto", dice Wilfredo Ochante, de 56 años, quien inmigró de Lima en 1991, siguiendo a su esposa de descendencia japonesa. "Para ellos eres una máquina más; es raro que te vean de otra manera". Ochante, catequista y músico, lamenta que en Perú era ingeniero, y en Japón un trabajador de fábrica.

"El problema", dice su esposa, Carmen Mupay, de 56 años también, "es que sus valores no son lo mismos. Para ellos el trabajo es primero, para nosotros es la familia, la religión".

A pesar de eso, la familia planea quedarse en Japón porque han adquirido derechos, respeto donde trabajan, y sus hijos han sido ayudados en la escuela por muchos "buenos profesionales".

El Padre de Maryknoll James Jackson ve a la población brasileña en su parroquia en Kusatsu, cerca de Kyoto, progresando. La comunidad está bien organizada, y los feligreses van a la Misa en portugués a pesar de la distancia. "Lleva una hora de manejo cruzar la parroquia", dice. "La parroquia que sigue está a una hora y la otra a hora y media".

Jackson, de Newark, New Jersey, dice que los inmigrantes también van a la iglesia porque quieren estar con su gente. "Aparentemente no todos son católicos, pero vienen por la cultura, el ambiente", explica.

Aunque casi la mayoría de los latinos y Filipinos son católicos, no todos van a la iglesia regularmente, dice Nishimura. "Lo que sí les gusta son los festivales. La Misa japonesa es sobria, mientras la brasileña alegre por su influencia africana y la música".

Jackson estudió español y Nishimura portugués para servir a sus nuevos feligreses.

Para el Padre de Maryknoll Robert Nehrig, de Pittsburgh, Pennsylvania, párroco de la iglesia en Tsu, una ciudad porteña al sur de Kyoto, servir a los filipinos no es problema ya que hablan inglés. Nehrig ve relación entre la situación de los trabajadores inmigrantes y la Iglesia Católica en Japón. "La conformidad es un valor en Japón", dice. "Es muy importante conformarse al resto de la sociedad. Ser cristiano es lo opuesto, hacemos algo que los demás no hacen". Por esa razón, la Iglesia Católica en Japón es pequeña aunque sus raíces comenzaron hace 500 años. Sólo medio millón de japoneses, un 0.5 por ciento de la población, son católicos. La población católica sube a 1 millón incluyendo a los inmigrantes.

La misión a los inmigrantes en Japón no es necesariamente un ministerio a los pobres. Muchos ganan suficiente para llevar una buena vida, enviar dinero a sus familiares, y comprar autos y hasta casas. Sin embargo, son marginados de la sociedad, no tienen seguridad en el trabajo y a veces se ven perdidos cuando enfrentan servicios sociales y sistemas legales.

"Como misionera Filipina, siento que mi rol es ser un puente entre culturas", dice la Hermana de Maryknoll Margaret Lacson, una de las fundadoras del Centro Kalaskan para la Capacitación de las Mujeres Migrantes en Kawasaki, Tokio. El Centro se concentra en ayudar especialmente a las víctimas de abuso doméstico.

"Vimos que tomó años para que las mujeres se recuperaran de la experiencia del abuso doméstico", dice. "Es más, los hijos fueron psicológicamente afectados y abusados en la escuela por ser mitad japonés mitad Filipino. Las mujeres tienen que recobrar su dignidad y respeto como seres humanos; sus hijos deben aprender a amar su parte Filipina".

La Hermana de Maryknoll Elizabeth Kato dice que muchas de las Filipinas que vienen a trabajar de camareras se casan con japoneses. Lamentablemente, la mayoría de esos matrimonios falla.

"A veces los hombres se vuelven abusivos: verbalmente, físicamente, sexualmente", dice Kato, quien trabaja con Lacson y también en el Centro de Trabajadores Migrantes, en la casa central de Maryknoll en Tokio, donde el énfasis está en el desarrollo de líderes.

Arreglar las cosas legales de los inmigrantes es compleja. Marian Tanizaki, filipina que trabaja a tiempo completo en el proyecto para trabajadores inmigrantes en la casa de Maryknoll, dice que ella traduce del tagalog al inglés y luego un intérprete traduce al japonés.

El Padre de Maryknoll Regis Ging, consejero en el centro, dice que para las filipinas casadas con japoneses es un problema pasar la fe a sus hijos pues la cultura filipina y la religión católica son sumergidas en la cultura japonesa. Ging trata de ayudar con programas de bautismo enfocados para niños biculturales. Por otro lado, Japón no reconoce como ciudadanos a los hijos, nacidos en Japón, de inmigrantes casados con japoneses.

En Hokkaido, el Padre de Maryknoll James Mylet también trabaja en una casa de bienvenida, en la ciudad de Sapporo, para ayudar a las mujeres filipinas casadas con japoneses.

"Tenemos menos extranjeros que otras partes de Japón, pero están más aislados", dice Mylet, de Seattle, Washington. Conocido como territorio de nieve, Hokkaido no atrae a los filipinos por el frío. El programa de Mylet, que cuenta con dos misioneros laicos filipinos, provee a las mujeres con un lugar donde reunirse, consejería y programas de ayuda, y donde los niños aprenden sobre su fe, dice.

La misión de Maryknoll en Japón, que comenzó para ayudar a la pequeña Iglesia, ha florecido en una cultura no cristiana. Ha fortalecido el ministerio para ayudar a la Iglesia en Japón integrar a la nueva ola de católicos.

"La Iglesia en Japón se está poniendo más vieja", dice Ging. "Se necesita este pueblo inmigrante para revitalizar la Iglesia".


Lea más artículos sólo en Revista Maryknoll.

Ayuda a Maryknoll en su labor con los más vulnerables del mundo.
revista@maryknoll.org

El Padre de Maryknoll Regis Ging en su ministerio con trabajadores inmigrantes de Filipinas en Japón.

La Hermana de Maryknoll Elizabeth Kato comparte unos momentos con un niño en la capilla

 

All Articles


Enquesta

 

©2009 Maryknoll affiliates privacy terms contact usOpentracker